

Ya lo dijimos en varias oportunidades, una gran mayoría de los ciudadanos del nuevo Estado Plurinacional, Multicolor, Multiétnico y Folclórico (antes República de Bolivia) vive chocha de la vida esperando la llegada del Carnaval, de la Semana Santa, de las fiestas de aniversario departamental, la llegada de Año Nuevo, sin descuidarse de participar de los presteríos (fiestas de los Santos) que son organizados por devotos y beatas que no saben en qué van a despilfarrar su dinero y, últimamente, desde la llegada de nuestro Divino Evo al poder, ya nos estamos acostumbrando a organizar y participar de elecciones y de eso nadie puede quejarse, porque tenemos para todos los gustos y dos veces al año, con la única finalidad de hacer del nuevo Estado Plurinacional un Estado Democrático.
Si a ese trajín le aumentamos que no dejamos de asistir a fiestitas de cumpleaños, coronaciones, velorios, matrimonios, nacimientos, graduaciones, cumpleaños del jefe, de la suegra o del compadre, ya pueden imaginarse que “la manera de vivir la vida” de los bolivianos es envidiable y no hay quien se queje, no por nada creen en el exterior que el único día que trabajan los bolivianos es el primero de Mayo.
Tan es así el entusiasmo por divertirnos que cuando estamos en el exterior no es más que se junten los bolivianos y no faltan las “fiestitas y festividades religiosas con chupas y buenas comidas incluidas, esta se organizan en honor a la virgen de Urkupiña si los devotos son cochabambinos, a la virgen de Copacabana si los residentes son paceños y si son orureños la meten a la virgen del Socavón, la cuestión es chupar y divertirse “sanamente”.
En todas estas oportunidades, los participantes se divierten de lo lindo, chupan como ladrillo de segunda y que yo sepa no hay quién se abstenga o rechace su asistencia y comience a servirse esos platitos que se invitan a degustar que son una ricura. Lo curioso de estas fiestitas organizadas, como dicen con la finalidad de “confraternizar” -debido el excesivo consumo de alcohol- es que casi nunca faltan peleas y riñas entre paisanos, a las que no es bueno meterse, porque la damnificada así ya esté con el ojo morado y él con un arañazo en la cara acostumbran a parar al metiche diciendo “usted no se meta… si nos peleamos es porque nos queremos”.
Debido a ese entusiasmo por divertirse hasta perder la noción, a muchos bolivianos los sacaron de las orejas hasta el aeropuerto y con un sello rojo en su pasaporte les dijeron ¡fuera!; a otros que se pasaron en “sus mimos” con sus parejas los tienen presos hasta con 15 y 20 años de cárcel, a otros que practican el deporte, de sacudir a sus hijos sin medida ni clemencia, los invitaron a salir para nunca más volver, porque los ultrajes, las humillaciones en contra de los indefensos niños y en contra de las mujeres no está permitido.
Por todo ello es bueno que los ciudadanos del Nuevo Estado Plurinacional empecemos a cambiar nuestras “malas costumbres”; ya lo dijo nuestro Divino Evo, si no cambiamos los bolivianos, no cambiaremos el mundo.
