

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.
Seleme vuelve a las preguntas que retumban como alertas, ¿en qué régimen político, social y económico estamos viviendo? En uno antidemocrático, gran concentrador de poderes, responde.
Aunque muy útil para expresar acomodaticias acciones humanas, la frase ‘echar una de cal y otra de arena’ nunca me quedó clara, porque tampoco nunca supe distinguir la supuesta bondad de la una, frente a la maldad de la otra, o viceversa. Todo depende del cristal con que se mira la realidad. En todo caso, dibuja a quienes -como Evo Morales- hacen, dicen, mandan hacer y decir alternativamente cosas distintas, dañinas y contradictorias, en pos del poder total, como la designación de 18 altas autoridades en el Poder Judicial, entre titulares y suplentes.
Ante este nuevo zarpazo a uno de los pilares de la democracia, como es la división-equilibrio de poderes -Ejecutivo, Legislativo y Judicial- nada me anima… Ni la casi paridad de género -siete mujeres, con una primera de pollera en las esferas de Poder Judicial, frente a 11 hombres; ni la casi total presencia regional, solo faltó Pando- si esas designaciones son el resultado de sobrados y fructíferos intentos para descabezar la institucionalidad democrática en los cuatro años de su primer gobierno.
Así, el pasado jueves 18 de febrero él, sus hombres y los doctos asesores en violaciones a la democracia, consumaron la violación a la independencia del Poder Judicial en Bolivia. No fue la única, pues también violaron al Poder Legislativo, hoy Asamblea Plurinacional, gracias a la mayoría masista y mediante una anómala ley llamada “corta” de uñas largas. En resumen, el Legislativo hizo la ley, instruido por el Ejecutivo, para ‘delegar’ en la persona de su ‘líder espiritual’ cabeza de ese poder, la designación de las autoridades del Judicial. Lo que queda al final del trayecto es la violación, siempre inconstitucional, a otros poderes del Estado -el Judicial y el Legislativo-, amén de la prerrogativa absolutista otorgada al Ejecutivo.
La ‘necesidad’ de eliminar los resabios de la ‘colonialidad’ del poder, como enseñó el hoy renegado Félix Patzi, y el apuro por corregir la retardación de justicia, no justifican semejante desparpajo, por mucho que la prédica anticapitalista pueda tener elementos de justicia social redistributiva y reconocimientos étnicos, antes negados. En los hechos, se trata de un ‘golpe de estado’ a la democracia, pues no hay equilibrio de poderes: el poder está concentrado en una sola persona: Evo Morales Ayma. Controla no sólo los tres poderes de un moderno Estado democrático, sino todos lo demás: el poder militar y el policial, es decir los tradicionales aparatos represivos del Estado, más el control de los movimientos sociales, verdaderas milicias que también efectúan represión, y el poderoso instrumento de presión que le dan los cocaleros, a quienes beneficia con el cultivo de la hoja de coca sin restricciones eficientes y eficaces. A más coca, más producción de cocaína y mayor poder al narcotráfico y sus mafias.
¿En qué clase de régimen estamos viviendo?
Entre la cal y la arena me pregunto ¿en qué clase de régimen político, social y económico estamos viviendo? En un régimen democrático, con división e independencia de poderes, claro que no, a pesar de los reiterados y manoseados ejercicios electorales en los últimos cuatro años, como si la democracia fuera solo el voto. Es decir, la democracia ha sido deformada hasta convertirla sólo en un método-instrumento para legitimar con votos las ambiciones autócratas del líder y su entorno, que quieren todo el poder por el poder, en vez de que sea una condición social. No da de comer, es cierto, ni garantiza igualdad de oportunidades, pero puede obligar a que el capitalismo salvaje y neoliberal sea más humano y más solidario.
¿Estamos, acaso, en un régimen que se encamina al socialismo para garantizar el ‘vivir bien’? Para llegar a él hay que pasar por la ‘transición al socialismo’, con sus innumerables contradicciones entre la democracia y el Estado del Derecho por radicales consignas socialistas. Entre ellas el control de todos los poderes y sus autoritarias e inapelables decisiones en términos de irrespeto a la disidencia, a la libertad de información y movimiento, amén de la destrucción del aparato productivo en manos de fracciones burguesas.
Menos aún estamos en un régimen que transita del capitalismo al socialismo, a pesar de las incertidumbres que han introducido en cuanto a la convivencia democrática y la economía, sin tomar en cuenta los dudosos resultados de dichas transiciones en la historia contemporánea, desde la Revolución de octubre en la ex URSS y todas la conocidas. Ninguna de ella garantizó la ‘abundancia’ ni el bienestar, más bien dieron curso a la escasez generalizada por ausencia de actividades económicas productivas, con la consiguiente deformación burocrática y la corrupción en las filas de la llamada ‘nomenclatura’. El poder absoluto y las ambiciones de permanecer en él dieron lugar la más de la veces a brutales represiones y a la expulsión de los críticos en sus propias filas. En nuestro caso Filemón Escobar, Román Loayza, Lino Vilca y Félix Patzi -amén de sus adversarios políticos sometidos a persecución, juicios y ‘guillotinas políticas’ a diestra y siniestra.
Hoy estamos merced de la demagogia discursiva engañosa de la reivindicación ‘originario, indígena, campesino’ que es sólo el ‘verso político’ y del populismo manipulador del ‘cambio’ hacia la ‘revolución democrática y cultural’ y al ‘socialismo comunitario’ del siglo XXI. Todo pasa por una ‘confusión mágica’ de las palabras. Es el eufemismo hecho política. Por ejemplo, la famosa nacionalización de hidrocarburos, fue una adecuada readecuación tributaria de los contratos petroleros, gracias a ley sobre el rubro que promulgó el ya desaparecido cruceño Hormando Vaca Díez, y a la que se opusieron el expresidentes Carlos Mesa y Evo Morales, entonces diputado e intransigente opositor. Muchos y ellos mismos callan ‘con cara de yo fui’. Y cómo olvidar la manipulación verbal y mediática del exceso andino centrista contra las autonomías y los autonomistas, haciendo aparecer a unas y otros como “manifestaciones reducidas de grupos oligarcas, racistas, derechistas, regionalistas y separatistas ”.
A modo de conclusión
Recuerdo al Libertador y libertario Simón Bolívar, sin mediación chavista, desde luego, cuando dijo “Huid del país donde uno solo ejerza todos los poderes: es un país de esclavos”. Fue en un discurso del 2 de enero de 1814, en Caracas. ¿Visionario?
Cinco años después, en su famoso discurso en el congreso de Angostura, el 15 de febrero de 1819, señalaba que “Sólo la Democracia garantiza la Libertad (...) Nada es tan peligroso como dejar permanecer por largo tiempo a un mismo ciudadano en el Poder, pues él se acostumbra a mandar y el pueblo se acostumbra a obedecer, de donde se origina la usurpación y la tiranía (...) Los ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo gobernante que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente”.
Cerca de dos siglos después, ¿qué tenemos que hacer para no seguir huyendo, ni del país ni de la ambición donde ‘uno solo’ ejerce todo el poder, por mucho tiempo o pretende hacerlo perpetuamente?