

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.
Seleme cuestiona el discurso gubernamental sobre el entierro simbólico de la República de Bolivia y el nacimiento de otro Estado, Plurinacional. Marx, Gramsci, Zavaleta... lluvia de citas.
El oficialismo, que se dice de izquierda en cualquiera de sus muchas versiones fundamentalistas o laxas, no toma en cuenta aquello de “Las tres partes y fuentes integrantes del marxismo”
Una cosa es la visibilización y empoderamiento de los pueblos indígenas, como una necesidad de la conciencia democrática de Bolivia, y otra la “deificación” del líder y caudillo mestizo: Evo Morales Ayma, por obra y gracia de un intelectual más blanco que mestizo: Álvaro García Linera. ¡El viejo problema de la falsa conciencia! Claro, ¿quién de muchas/os no lo ha sufrido, empezando por lo clásicos? En política, además, esos viejos problemas consisten en que los políticos y las elites que les sirven creen que el poder es eterno. Y que para quedarse “eternamente en el poder” hay que borrar de un plumazo la edad del tiempo, la memoria y la historia, entendida ésta como sucesión articulada y contradictoria -dialéctica- de acontecimientos y sus múltiples orígenes. Es decir, “las tres partes y fuentes integrantes” de todo proceso, que no nacen de la noche a la mañana ni por obra del Espíritu Santo. Tan viejo problema es que así ha pasado en todos los procesos políticos-socioeconómicos, tales como en las guerras de rapiña-conquista, incluídas las del Imperio Quechua sobre aymaras y otros pueblos indígenas. Los incas pretendieron borrar todo vestigio anterior a ellos, como pasó tras el encontronazo entre el Viejo y el Nuevo Mundo, y tras los cambios de época que significaron la República y la Revolución del ‘52. Sin embargo, ahí está el pueblo aymara, entre otros tantos pueblos indígenas de occidente y Oriente, incólumes con sus lenguas, costumbres y culturas. Las conquistas y la República pretendieron borrar lenguas, costumbres y culturas de los indígenas, hoy llamados originarios. Sin embargo, si son 36 naciones originarias como reza la rimbombante Constitución Política del Estado Plurinacional, ¿por qué la burda preeminencia de “lo aymara”, hasta hacer de su simbolismo una caricatura desfigurada en Tiwanacu? ¡Sin respetar la historia y la memoria de los verdaderos “originarios”! En el siglo XXI, ¿creen los hombres del MAS que han conquistado a sangre y fuego este territorio, como en una guerra de conquista, y no por voto democrático, para pretender borrar la edad del tiempo y la memoria histórica? ¿Pretenden borrarnos a los no aymaras y “no originarios” no sólo de la historia y la memoria, sino también del mapa? Olvidan que la edad del tiempo es circular, que por eso la rueda de la fortuna gira, sube y baja, da vueltas. Por eso la historia se repite, unas veces como tragedia, otras como drama o como sainete en Bolivia. En su tiempo, tampoco lo tomaron en cuenta los jacobinos líderes de la Revolución Francesa, o los de la Bolchevique, o del engendro nacionalsocialista alemán, o de la China de Mao-Zedong. En suma, de todos aquellos procesos que implican cambio de época, en los que hay que cambiarlo todo, para caer en la vulgarización del “cambio”. Ese viejo problema consiste en suponer que el cambio, vía conquista o revolución, otorga poder para matar simbólica y literalmente, como se ha hecho. Y de suyo, entronizar el grosero culto a la personalidad del líder, “guía espiritual” allende los mares, en detrimento de la institucionalidad y la cultura democráticas que el MAS ha desterrado de Bolivia. La soberbia impulsa a sus hombres a que, en virtud de su 64% de votos, la sociedad boliviana sea representada como ciento por ciento aymara. Así pretenden cubrir con “un velo impenetrable” el fondo y las formas de una realidad compleja, abigarrada, mestiza, de múltiples identidades al mismo tiempo, como toda realidad del capitalismo periférico.¿O también eso se va borrar en aras del “Estado Integral que transita al socialismo”, según García Linera, evocando a Gramsci? También es una evocación, aunque él no lo diga, del “Estado Integral” de la Segunda República española, cuando Cataluña peleaba, ya desde entonces, porque su autonomía fuera reconocida en la Constitución Política española. Yo me permito evocar al clásico Carlos Marx: “Una sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas productivas, y las relaciones de producción nuevas y superiores… hayan sido incubadas en el seno de la vieja sociedad… mirando más de cerca, se verá siempre que el problema mismo no se presenta más que cuando existen las condiciones materiales para resolverlo o se encuentran en gestación”. ¿Camina este experimental Estado Plurinacional Comunitario al cambio de las condiciones sociales-materiales de existencia y de producción? Sigue siendo capitalismo, aunque se vista de capitalismo de Estado. En todo caso, no es cambio de las condiciones materiales de existencia y ni las sociales de producción. ¡Qué viejo problema! Como el que se está buscando el flamante guía espiritual Evo Morales, si sigue persiguiendo con un juicio al ex prefecto Rubén Costas. Esa acción implica que está enjuiciando a casi 85% de las personas que en Santa Cruz ese día 4 de mayo de 2008 votaron por el SÍ en el referéndum autonómico. Ese proceso de judicialización de la política une a Santa Cruz en la defensa de su autonomía y de su ex autoridad, hoy candidato, en abril seguro gobernador reelecto.