Santa Cruz de la Sierra, Bolivia
6 de Septiembre de 2010
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Autor:Jorge Caero Soto
Miércoles,  3  de Febrero, 2010

Bolivia sigue siendo el mundo del revés. Que lo digan los deportistas, para quienes brillar en sus disciplinas implica lidiar con la indiferencia, de un lado, y la explotación, del otro lado.

 

 

Del 17 al 20 de diciembre del pasado año, se llevó a cabo en la ciudad de Cotia (San Pablo, Brasil) el Campeonato Internacional de Futsal, denominado “Desafío Internacional”, organizado y patrocinado por la Empresa Mercedes Benz para conmemorar sus 50 años de actividades en Brasil. A este evento asistieron en calidad de invitadas cinco delegaciones conformadas por equipos de Santa Cruz, en las categorías Sub 9, 11, 13, 15 y 17.

 

Todos sabemos los inconvenientes que se presentan cuando se viaja en delegación, las más de las veces por la inexperiencia de quien dirige la delegación, por la falta de recursos económicos o sencillamente porque quien dirige la delegación, aprovechando “la viveza criolla” que ilumina la mente de los bolivianos, se va acompañado de su esposa y sus hijos, para no gastar un quinto de su bolsillo… ¡no ve la manera de aprovechar!

 

Si hacemos un poco de memoria, cuando asistimos a los Juegos Olímpicos Sydney 2000, la delegación boliviana ingresó con 80 personas, llevando por delante la tricolor nacional. Los pocos residentes bolivianos en Australia se emocionaron al ver la enseña patria. Desgraciadamente, en la numerosa delegación solo habían seis deportistas, el resto eran esposas, hijos y familiares de los dirigentes, gente que se dedicó a traer contrabando y disfrutar de las ventajas que se brindan a las delegaciones, una vergüenza para el deporte. Esto nos hace ver que para ser sinvergüenza no se necesita estudiar, en nuestro país muchos nacen con esa habilidad, especialmente los políticos.

 

Este comentario no tiene la finalidad de alarmar ni causar chiste entre quienes tienen la oportunidad de leer, el objetivo es hacer ver lo mal que nos portamos los bolivianos, lo mal que actuamos en algunos momentos de la vida, no nos animamos a cambiar ni a denunciar, tras que se nos presenta la oportunidad de aprovechar o dar un ejemplo de honradez, metemos la uña y hasta el fondo. Ahí tenemos a Santos Ramírez, quién no lo recuerda al profesorcito rural que llegó a ser presidente del Senado Nacional por méritos políticos. Cuando se le presentó la oportunidad de administrar la empresa más grande de la manera más honrada posible, se pringó hasta el cuello.

 

Bueno, volviendo al tema deportivo, de entre los cinco seleccionados que viajaron, los que tuvieron mejor suerte por el esfuerzo que pusieron dentro del campo de juego, no obstante estar mal dormidos y luego de atravesar un calvario por la inexperiencia del directivo encargado de la delegación, fueron los muchachos de la Sub 15 y los de la Sub-11, esta última integrada por alumnos del Colegio Río Nuevo, los mismos que clasificaron como Sub Campeones. El equipo estuvo integrado por Fernando Galviz, Randy Guevara, Roger (“Masaco”) Salazar, Fabián Guzmán, José Andrés Veizaga, Moisés Villarroel y Carlitos del Castillo; y como director técnico, el profesor “Yuvinco” Del Castillo.

 

Entre la peripecias que tuvieron que soportar los padres de familia que acompañaron a la delegación estaba la falta de seriedad al momento de pedir dinero, primero les dijeron a los padres de familia que cada muchacho debía aportar 40 dólares por mocha para cubrir los gastos de transporte y alimentación, y que el alojamiento pagaban los auspiciadores del evento. No obstante que la Prefectura de Santa Cruz colaboró con siete mil dólares (cincuenta y un mil bolivianos), ya una vez a punto de partir se les dijo que los padres podían acompañar a sus hijos y pagarían lo mismo que los muchachos como miembros de la delegación, pero era poniendo 220 dólares por mocha y no los 40 como anteriormente se había acordado, debido a que iban a estar en un Hotel Resort junto a sus hijos.

 

El encargado de la delegación era un señor Enrique Capobianco (hijo de una magistrada); se dijo que fue funcionario de la Prefectura, además de ser un capo en la Asociación de Fulbito, un tipo de poco hablar y de apenas caminar, gordo y petacudo, de quien se sabe que es dueño de la Sub 13 y la Sub 17, a quién se lo vio desesperado porque quería que todos le entreguen la plata para que la administre él, pero los padres le dieron los quintos al profesor del equipo. Como nadie le dio un quinto, el señor se fue con todos los jugadores y los padres tuvieron que trajinar de un lado a otro sin poder ubicar el lugar del evento y sin saber donde pasar la noche, nadie se imagina este calvario, buscaron Yandira, el lugar que se les dijo, y nadie les dio razón, hasta que al fin encontraron y llegaron al hotel donde no había ni sábanas, eran las once de la noche.

 

La primer noche la pasaron acompañados de un concierto de sapos. Como sea, todos se acomodaron y pasaron dos días, se les sirvió un buen desayuno, el responsable no sabía cómo sacar plata con toda clase de pretextos, se dijo que debían salir del hotel porque ya no había plata para pagar, tarde de la noche los llevaron a un lugar cerca al coliseo, sin respetar el sueño de los jugadores que necesitaban estar bien dormidos para participar del evento. Se les dijo a los jugadores que una vez terminado este evento se los llevaría a todos los a Sao Caetano, donde debían participar en una “Copa Desafío”, una invitación donde serían agasajados todos los jugadores, además de obsequiarles material deportivo.

 

Ni bien terminado el campeonato y cuando todos los jugadores contentos por los resultados se aprestaban a continuar viaje rumbo a San Caetano, se les dijo a los padres de familia que deberían pagar 900 reales si querían acompañar, entonces todos optaron por retornar. Ante la negativa de dar ese dinero, se les dijo a los padres que debían pagar 200 reales porque dejaron las paredes del hotel en malas condiciones; en fin, pretextos para sacar plata a los padres no faltaron. Incluso se trajo a la policía para sacarles plata, una pena; y el responsable de la delegación, perdido, sin que nadie sepa dónde estaba metido.

 

Al ver que no podía sacar un quinto a nadie, el señor Enrique Capobianco, envuelto en rabia y desesperado, les dijo a los padres de familia “¡Váyanse a la mierda y vean en qué se van! ¡Yo hice el favor de traerlos para que jueguen y conozcan!”. Y se mandó cambiar, dejando a todos los jugadores y padres de familia que acompañaron a la delegación botados en el Coliseo, con las maletas en las manos, sin saber qué hacer. En cambio él se fue a pasar la Navidad en las playas de San Pablo, acompañado de su familia. Con esa actitud, todos se vieron en figurillas sin saber qué hacer.

 

En el grupo, un señor Parada se movilizó y logró que los mismos choferes de Andorinha los traiga de retorno hasta Corumbá. En medio de la desesperación de los jugadores y del bellaco que se iba dejando a todos librados a su suerte, un peladito de la Sub 9, asustado, le dijo a un profesor: “Profe, ¿será que llegaré a pasar navidad con mis padres?”. Esas palabras dejaron a los mayores con las orejas tapadas.

 

Hasta que llegaron a Corumbá nadie tenía plata, todos estaban más atirantados que cuero ‘e tambor, yescas. Lo primero que hicieron los profesores fue buscar a un brasilero amigo y conocido, dueño del Club Corumbaense, un hombre bueno que les ofreció su coliseo, les dio alojamiento en su complejo, los muchachos disfrutaron de la piscina, hicieron una demostración jugando algunos partidos. Al día siguiente, tempranito el brasilero les llevó 60 desayunos y les dijo antes de irse: “los invitaré a comer”, y les llevó 60 almuerzos. Regaló a todos los muchachos poleras y pelotas, un verdadero hombre de bien. Luego, en un ómnibus de su club los trasladó hasta cruzar la frontera, dejándolos a todos en el lado boliviano sin cobrarles un quinto.

 

Por curiosidad averiguamos que la flota Andorinha cobra de Corumbá a San Pablo 220 dólares ida y vuelta, pero cuando se trata de alguna delegación cobra 180 dólares; es decir, rebaja 40 dólares por mocha, de la que seguramente alguien se aprovecha. Ni bien pisaron tierra boliviana, se leían los pizarrones con anuncios de venta de comida, había uno que decía: “Hoy caldo de pecho”; otro con errores ortográficos decía “Se sirve pecante de pullo”; y los muchachos de la delegación empezaron a reír y gritar “¡Ya estamos en nuestra tierra, Bolivia carajo”.

 

Es de esperar que la Prefectura investigue y exija una rendición de cuentas del dinero que entregó al señor Capobianco, porque sabemos que este señor acostumbra a llevar delegaciones y los despacha a todos para luego irse a pasar el fin de año en familia en playas brasileras. De no hacerlo, se estaría protegiendo a un sinvergüenza. Nos enteramos que la Prefectura, aparte de colaborar económicamente, entrega a todas las delegaciones uniformes y material deportivo. A los de la Sub 11 no les dieron ni un pañuelo, los padres de familia tuvieron que recurrir a personas de buen corazón, pidiendo colaboración.

 

 

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