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Comprendí que mis días en la dirigencia sindical estaban contados cuando la semana pasada vi, de reojo, la forma en que me miraba un compañero sindicalista después de que le rechacé -de la forma más cortés posible- que aumente cerveza al vaso que a duras penas yo estaba por terminar.
Poco después de este suceso saltó el escándalo, con estilo de novela, es decir llanto incluido, y, lo que es peor, haciendo trapo a mi apellido, del beodo que piensa que puede ser buen gobernador, supongo de otros borrachines porque “…desde cuándo pues tomarse unos tragos es delito…”
Esto me anima a afirmar, una vez más, que el principal problema de este país no es la pobreza; es la borrachera, contradiciendo, muy a pesar mío, a la bellísima candidata que sigue invitándonos a beber Cuba Libre mientras hace campaña y descubre que en Beni y en Bolivia hay pobreza, porque de los borrachos mejor ni hablar.
Tomamos alcohol en la comunión, o en cualquier acontecimiento, o simplemente porque tenemos sed.
¡Entonces cualquiera que aspire a gobernar tiene que ser macho (o hembra) para tomar!
Por ejemplo, a nuestros compatriotas ebrios a fines del siglo diecinueve se les achaca la pérdida del Litoral, más o menos en estas fechas. En cien años o más se podrá decir que estábamos borrachos cuando permitimos que ocurra todo lo que nos está ocurriendo.
Pueblo alegre como nos declaramos, mucho más en época de Carnaval, el alcohol se da por descontado y hasta nos han metido la idea de que es cultural y sin vuelta. Hay alcohólicos que escribieron y escriben muy bien en todo el mundo y son capaces de abordar temas más oportunos, de manera que si estas líneas salieron así nomás, medio o completamente fuera de foco, es por culpa del estado de sobriedad. Y si por este motivo hay que hacer adobes, se los debo, para el próximo Carnaval.
Una cacería de brujas y con justa razón se ha iniciado en contra de los desubicados que están (...imagínese el atrevimiento...) metiendo a la cabeza de los jóvenes que el alcohol podría tener alguna relación con nuestros problemas cotidianos.
"Ah, no. Cualquier cosa, menos esto. No podemos permitir que se nos empiece a mirar torcido, que se nos estigmatice. Los que están mal son los otros, los sobrios", remarcó Deboto Marmucho Parapensar.
Permitirlo sería un atentado contra la próspera industria alcoholera y significaría la muerte para muchísimas empresas, modelos, boliches y cantinas de primera y de quinta, un suicidio en estos tiempos que debemos producir más y más.
"Los sobrios anónimos son una gran amenaza para la sociedad, hay que desenmascararlos y pronto", agregó Marmucho.
Para dar consistencia a los argumentos planteados por el renovado Frente de Dignidad del Bebedor Consuetudinario, cuya participación en las próximas elecciones no está en planes, dado que la militancia es, literlamente transversal y participa en todos los frentes sin excepción, han mencionado sólo algunos de los valores que tiene un borracho frente a un sobrio, que, dicho sea de paso, no son ninguna novedad. Cuatro, para empezar.
1.- La sinceridad.
Está muy trillado aquello de que los niños y los borrachos dicen la verdad. ¿Acaso no es algo para destacar?
2.- El equilibrio.
El instinto innato del aficionado (muy feo eso de vicioso) al trago le permite adoptar la posición de cuatro patas sin mucho razonamiento. Con esta postura, es posible llegar a cualquier destino, con la ventaja adicional de estar a tiro frente al inodoro para la siempre recomendable y saludable descarga oral.
3.- El patriotismo.
El amor a la patria, del que ya quisieran hacer gala los que dizqué no toman, está siempre presente en el ebrio. Pobre del sujeto que tenga la osadía de levantar la palabra en contra del Estado (tanto Plurinacional como el de ebriedad). Ahí salta un tigre.
4.- Amistad.
Los amigos se conocen en la chupa. El que acompaña, se comide para servir los vasos, pide y mejor si paga la ronda, ese es el amigo. El que lo abraza a uno y por qué no hasta lo besa cándidamente en la mejilla, o lo lleva a su casa si está en mejor situación, esa amistad no tiene precio y sólo se cultiva regada por abundanta alcohol.
La editorial Los Amigos del Ebrio ha publicado una guía práctica para ayudar a la lucha contra la sobriedad. Con el permiso de los editores ofrecemos un cortísimo avance:
"Estando en la mesa observe detenidamente a los contertulios, si tiene la desgracia de encontrarse con uno de "estos" proceda de la siguiente manera: Pregúntele directamente qué quiere tomar. Sus evasivas confirmarán la sospecha. Si por hacerse el educado acepta que le sirvan, controle rigurosamente sus movimientos. Verá que mientras los otros vasos están medio vacíos, el de él estará medio lleno. No pierda la paciencia, insista, cumpla su deber, haga patria, impida que esta clase de gente prolifere, enderézelo..."
